¿Qué significan los números E en los alimentos?

¿Qué significan los números E en los alimentos?

Cada día buscamos una alimentación más saludable, orgánica y simple. En definitiva, que solo contenga el alimento que compramos y nada más. Hoy os traigo un pequeño post sobre los aditivos alimentarios, ¿son tan malos como se oye?, ¿entorpecen nuestra alimentación en la realidad?




Está claro que la alimentación ocupa un puesto de prioridad elevada en nuestro día a día. Además, hacer la compra diaria en el supermercado puede traernos muchos quebraderos de cabeza. Somos muchos los que giramos los productos para observar el contenido de los paquetes: alérgenos, conservantes, calorías… La mayoría de las cosas que contienen los alimentos procesados ni siquiera las entendemos, pero… ¿Qué son los números E?, ¿de dónde se obtienen?, ¿a qué se debe su mala fama?

La primera pregunta es muy sencilla de resolver: los números E son aditivos que se pueden añadir a los alimentos y que tienen diferentes funciones. Existen hasta 27 clases diferentes de aditivos, pero los más comunes son colorantes (E100 a E180), conservantes (E200 a E290), antioxidantes (E300 a E321) o agentes que aportan diferentes texturas (E322 a E483). Algunos otros que también nos suenan son los correctores de acidez, espesantes, estabilizadores, gases para el envasado o potenciadores del sabor.




Y os preguntaréis, ¿de dónde se sacan todos estos aditivos? Como todo, estos aditivos parten de la naturaleza; se descubrieron en animales y vegetales o bien se trata de compuestos químicos (que también se obtienen de la naturaleza) como puede ser la sal. El problema viene cuando estos compuestos naturales se obtienen de forma química o sintética, pues pierden la aceptación popular. Es importante destacar que todos estos aditivos se pueden seguir obteniendo de plantas o animales, si resulta más rentable. Si no, se pasa a sintetizarlos de forma química, pero continúan siendo idénticos a la molécula “natural” en la que se inspiran.

En mi opinión, la mala fama de estos números E se originó simplemente por “ocultar” el nombre real del aditivo en cuestión. Sin embargo, esta clasificación va encaminada a un control más exhaustivo de los alimentos, especificando con mayor exactitud qué tipo de compuesto se añade a los alimentos, evitándose así errores ortográficos y permitiendo la comprensión en todos los idiomas.




Para salvar esta fobia hacia los números E, las autoridades permiten el etiquetado de tres formas diferentes: indicando el nombre del aditivo, con el número E o con ambos. Como ejemplo, el rojo remolacha, un colorante que se obtiene del extracto acuoso de la raíz de la remolacha, se puede nombrar de distintas formas: E162, betanina o E162 (betanina). He escogido este ejemplo por dos razones: es un colorante cuyo origen es fácil de entender y además tiene propiedades beneficiosas, ayudando a la actividad del riñón. Esto ilustra que no toda la información que observamos en las noticias o escuchamos en la calle es cierta; la betanina, como otros muchos aditivos, no presenta efectos nocivos, aunque sí tiene algunos beneficiosos (si bien no es la razón por la que se emplean en la industria alimentaria).

Con todo esto, simplemente quiero hacer hincapié en que comprar un producto si contiene o no números E en la etiqueta es algo muy poco preciso. Muchas compañías optan por nombrar el aditivo en vez de su código E y, además, muchos aditivos no son perjudiciales y nos pueden incluso aportar beneficios en la salud. Lo más recomendable en estos casos es conocer qué números E pueden tener algún efecto nocivo en cantidades elevadas y evitar consumirlos en exceso (en esta web se pueden consultar todos ellos).




Se suele decir que una imagen vale más que mil palabras así que mi reflexión final del post de hoy aparece en este vídeo de aecosan (agencia española de consumo, seguridad alimentaria y nutrición) que me ha encantado:




Referencias

AECOSAN. Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición.

BOE. Real Decreto 142/2002, de 1 de febrero, por el que se aprueba la lista positiva de aditivos distintos de colorantes y edulcorantes para su uso en la elaboración de productos alimenticios, así como sus condiciones de utilización.






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