¿Es el ACEITE DE PALMA tan malo como nos hacen creer?

¿Es el ACEITE DE PALMA tan malo como nos hacen creer?

El aceite de palma ha adquirido una fama pésima en el último año. ¿Quieres saber por qué? ¿Es verdad todo lo que se dice de él?

El aceite de palma se encuentra en el punto de mira desde hace algunos meses, cuando la EFSA (Autoridad Europea de Salud Alimentaria) emitió un informe en el que se relacionaba esta grasa vegetal con la presencia de compuestos cancerígenos. Pero vamos a empezar por el principio.




El aceite de palma

El aceite de palma es una grasa de origen vegetal que está compuesta fundamentalmente por ácidos grasos saturados (49 %), ácidos grasos monoinsaturados (37 %) y ácidos grasos poliinsaturados (9 %). Además, cuenta con casi 22 mg de vitamina E por cada 100 gramos de porción comestible. A diferencia de otros aceites (como el aceite de hígado de bacalao) tiene 0 miligramos de colesterol.

Los aceites con alto contenido en ácidos grasos saturados (aceites de origen animal, aceite de coco y aceite de palma) tienen una temperatura de fusión elevada y son sólidos a temperatura ambiente. Esto hace que resulten interesantes para la industria, por las propiedades organolépticas que proporcionan a los alimentos. Se ha visto cómo el olor, color, aspecto e incluso sabor de los alimentos que contienen aceite de palma son preferidos por los consumidores.

Fruto del que se obtiene el aceite de palma

El problema que subyace bajo estos aceites (y aquí me refiero a todos los aceites con alto contenido en grasas saturadas) es la relación que se ha observado entre el consumo de ácidos grasos saturados en exceso y el padecimiento de enfermedades coronarias. Además, se ha visto una correlación entre el consumo de estos ácidos con un aumento en los niveles de colesterol. A pesar de esto, parece que las grasas de origen animal o el aceite de coco no han perdido el favor del público, como sí ha ocurrido con el aceite de palma.

 




¿Por qué tanta polémica con el aceite de palma?

Los hábitos alimentarios cambian conforme lo hace nuestro ritmo de vida y, los avances científicos, permiten poner en entredicho antiguas tradiciones sobre la alimentación y los alimentos. Hoy en día se conoce sobradamente que las propiedades de los alimentos (como parece lógico pensar) se modifican durante el cocinado, al igual que lo hacen sus nutrientes y componentes.

El tratamiento térmico produce reacciones y cambios químicos en los alimentos de partida que pueden generar productos más o menos tóxicos como son las sustancias epoxi, hidroxi, peroxi y otras sustancias que se han calificado como cancerígenas. Todas ellas se originan en el procesado de los alimentos, fundamentalmente en la de oxidación térmica de las fracciones lipídicas, durante la formación de compuestos pirorgánicos o derivados de aminoácidos y azúcares (melanoidinas, acrilamidas) u otras técnicas aplicadas en la industria alimentaria. La formación de estas sustancias perjudiciales es evitable si se emplean temperaturas inferiores a lo requerido para cada producto.

En línea con lo anterior, el informe de la EFSA al que antes me refería pretendía valorar la presencia y posible peligrosidad de algunas moléculas en distintos alimentos: 3-monocloropropano-1,2-diol (3-MCPD), 2-monocloropropano-1,2-diol (2-MCPD), el glicidol y los ésteres glicidílicos. Estas moléculas se forman cuando se somete a elevadas temperaturas (más de 200 ºC) a los alimentos ricos en grasas en los procesos de refinado.

La mantequilla es otra de las fuentes importantes de grasas saturadas

Durante los estudios, se observó que el aceite de palma era el que mayor cantidad de estos componentes contenía y aquí fue donde saltó la alarma. Sin embargo, las noticias generalmente han omitido que otros aceites vegetales también contenían cantidades considerables de 3-MCPD, 2-MCPD, glicidol y sus derivados.

Paralelamente, se realizaron estudios estadísticos entre hábitos alimentarios de las personas para detectar el consumo medio de estos compuestos en la dieta y se ensayó la administración de los mismos en animales de laboratorio. Los resultados de estos estudios mostraron cómo la ingesta de 3-MCPD y sus derivados en ratas provocaron toxicidad renal, disminución de hemoglobina y producción de esperma, efectos neurotóxicos e incluso la aparición de tumores benignos. La ingesta de 2-MCPD en estos animales también producía nefrotoxicidad y el glicidol mostraba una toxicidad similar al 3-MCPD. A pesar de todo ello, los estudios estadísticos realizados con la población humana no permitieron relacionar el consumo de estos compuestos con ningún tipo de toxicidad a corto o largo plazo.

En definitiva, el consumo excesivo de aceite de palma y otros aceites con alto contenido en grasas saturadas puede aumentar el riesgo de padecer enfermedades coronarias o altos niveles de colesterol. Asimismo, un proceso de refinado incorrecto puede generar sustancias perjudiciales para los animales, aunque estas observaciones no han sido probadas en la población humana.




El verdadero problema del aceite de palma lo hemos creado nosotros

Con todo lo anterior, parece que está claro que el aceite de palma no es peor que otros de sus homólogos en relación con la alimentación. Sin embargo, su consumo sí está provocando importantes desastres naturales.

El elevado consumo mundial de este producto para las industrias de detergentes, cosméticos e incluso combustibles hace que la demanda sea espectacular y, los principales exportadores no dan abasto. El aceite de palma que se consume en Europa y otras regiones proviene de países tropicales como Indonesia o Malasia, donde grandes extensiones están siendo deforestadas para la plantación y recolección del fruto.

Grandes extensiones de palmerales en regiones tropicales

Además, la demanda es tan pronunciada que se recurre a la explotación laboral de adultos y niños, que trabajan en condiciones precarias. Pero eso no es todo, los orangutanes de la región ven amenazado su hábitat forestal por la plantación constante de nuevos palmerales. Se estima que estos animales pueden extinguirse de su medio silvestre en un lustro de no cambiar con los hábitos.




Una posible solución

El problema del aceite de palma tiene solución. Hay que buscar alternativas a su uso en la gran cantidad de industrias y pensar cómo evitar la deforestación, además de erradicar la explotación de los trabajadores en los palmerales.

En cuanto a su uso en alimentación, parece que está claro que el problema no es el aceite de palma si no el consumo excesivo de alimentos procesados o ricos en grasas saturadas.

Una vez más parece que la solución reside en el mismo lugar en el que se generó el problema: en la especie humana. De nosotros depende utilizar la lógica para salir de esta.




Referencias

3-MCPD, glicidol y sus ésteres. Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN).

Base de Datos Española de Composición de Alimentos (BEDCA) de la Sociedad Española de Nutrición.

EFSA Panel on Contaminants in the Food Chain (CONTAM). Risks for human health related to the presence of 3- and 2-monochloropropanediol (MCPD), and their fatty acid esters, and glycidyl fatty acid esters in food. EFSA Journal, 2016.






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